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Nació el 18 de Julio 1920, en un pequeño pueblo rural de Holanda llamado Lieshout, su padre se llamaba Guillermo y su madre Enriqueta, tuvo cinco hermanos, compartiendo el cuarto lugar con su hermano mellizo.

Entra al seminario menor a muy temprana edad “seis o siete años” para realizar sus estudios obligatorios “es como la escuela básica y media aquí, en un principio lo que uno quiere es ser sacerdote, pero no sabe si va a ser sacerdote o si va a estar en la vida religiosa, no tiene idea, pero uno poco a poco va aprendiendo porque son años de mucho estudio y también años de mucha oración y  meditación en la primera edad”

A los 13 años decide optar por la vida religiosa “yo sentía que quería ser sacerdote, no tenía mucha idea, pero eso se va aprendiendo en el camino, yo me acuerdo también que quería vivir más para nuestro Señor”. 

Un momento doloroso en su vida fue la pérdida de su madre cuando el tenía 16 años y cursaba el tercer año de estudios “ella tenía 59 años pero yo ya me sentía firme, firme en lo que quería ser, aunque recién había perdido mi mamá, quería seguir”.  Su padre y familia lo apoyó en la decisión de ser sacerdote.

En 1947 termina sus estudios y se ordena sacerdote el 20 de julio del mismo año en Holanda, realiza su primera misa en su pueblo natal siendo recibido por una banda, la gente del lugar y el párroco del pueblo.  Luego se embarca para Argentina, al no poder ir al Congo Belga por la fuerte demanda que existía por esa misión africana. Llega Argentina en el 1949 donde trabaja en la parroquia de Tajo Viejo y después en una parroquia de Buenos Aires, abandonando el país en 1960 para trasladarse a Chile.

El idioma le costó al principio porque no venían preparados desde Europa, “claro al principio uno siente que no puede hablar ni una palabra, uno sabe dos palabras ‘si y no’, y tal vez decía muchas veces no, cuando debía decir sí” – señala entre risas.

En estos 50 años en el país ha desempeñado una gran cantidad de trabajos pastorales, ha estado en Cabildo, Chepica, la parroquia de Fátima, Santo Cura de Ars, Hospital Ezequiel González Cortés y Curicó.  En todos los lugares se le recuerda como un sacerdote muy dedicado, trabajador, cercano a la gente y de mucha oración.  A sus casi 90 años, con algunos problemas de movilidad (propios de la edad), este sacerdote del Corazón de Jesús mantiene un ritmo de oración, adoración al Santísimo y Eucaristía tan entusiasta como si fuera el primer día, mostrando además una disponibilidad a acompañar y aportar su energía a los más jóvenes de la congregación y la gente que conoce, siempre con una sonrisa amable y una palabra evangélica sincera.
Junto a su amigo y compañero el Padre Teodoro Van Grieken en la Parroquia Cristo Resucitado de Curicó, siempre amable y disponible a los nuevos desafíos.
Congregación Sacerdotes del Sagrado Corazón de Jesús
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